lunes, 31 de agosto de 2015

¿Así no maduro?, así no Caracol

Estando en un restaurante, esperando mi orden, salió toda la indignación que hay en mí; yo que tanto defiendo a los medios en las charlas con mis amigos. Hasta el momento decía que la posición de los medios es vender y que un noticiero no es otra cosa que las dos tapas de un sandwish donde lo único que importa es la publicidad pero argumentaba que hay ética detrás de las notas periodísticas en donde se sobrepone la intención de informar.

En mi argumento, en el fondo,  tenía esperanza que las empresas periodísticas le pusieran a las noticias un poco de eso que nos enseñaron en la escuela, creía que algunos directores de medios tenían aún un poco de carácter periodístico. Pero hoy viendo cómo cubrían la noticia desde el Táchira, como llenaban de miseria la pantalla y como un periodista, mientras alguien por el interno le gritaba que llenara, trataba de entrevistar a un pobre parroquiano con un armario al hombro, saltó mi indignación.

Ya había saltado antes cuando salía “Juan Diego”, pidiendo noticias por celular, llevando lo que estudié, esto por lo que me he esforzado, al punto de “cualquiera puede ser periodista”, como si nuestro saber no sirviera para nada, como si por la calle uno se encontrara avisos del siguiente porte: “siga a nuestra odontología ortosonrisa porque cualquiera puede ser odontólogo”. Pero esto ya es la puta tapa. (Perdón por el adjetivo pero es el único que encaja a tan indignante situación).

He pensado muy bien y la próxima vez que alguien me pregunte sobre mi profesión diré que estudié Filosofía, como en efecto lo hice, ¿por qué? Porque noticieros como Caracol Noticias dañan la profesión. ¿Cómo es posible que se dediquen a mostrar el ‘drama humanitario’ de las familias deportadas, mostrando cambuches empobrecidos por la necesidad en Norte de Santander, sin entender cómo funciona el contrabando?, acaso cabe en la mente un noticiero que debe coger, para llenar,  a un hombre cargando un armario en las espaldas para  ‘cubrir’ la noticia, en vivo y en directo. El hombre botando la lengua y el periodista preguntándole ¿Cómo fue su deportación?, ¿desde dónde viene? (Recuerdo un chiste de Alerta: -¿y qué sintió cuando le metieron el tiro?, -una alegría la hijueputa)

El amarillismo no debería ser la regla del periodismo, la crisis en la frontera es una noticia que hay que cubrir, por su puesto, pero no de esa manera sensacionalista, mostrando niños acostados en los cambuches, mostrando la miseria del paso, mostrando eso que en la comunidad de nuestras casas nos dedicamos a decir “terrible el drama de esas familias ¿no?”.

No entiendo cómo este país ha rebajado la profesión a la poca profundidad y a la opinión maniquea, que Maduro es el malo y Colombia la buena, que Santos es un arrodillado a las Farc y a Maduro, que el único salvador es “Uribe”. Posiciones propiciadas por los medios que mantienen la constante excitación de las personas, de los habitantes, ¿para qué? No es para, como todos dicen, mantener al país en vilo y que se olvide de sus problemas; es para una razón más sencilla, tener raiting.

El periodismo antes de nuestra época, si bien tenía sus problemas, como la infiltración del narcotráfico para justificar lo injustificable, se hacía contrastando fuentes y se tenía una regla general hay que saber de lo que se está hablando para no salir al aire a decir tonterías. Hoy se dicen tonterías para que nadie sepa lo que pasa.

Que tristeza recordar los noticieros de las 6 y 7 de la noche cuando apenas teníamos dos canales, que sí que había filiaciones políticas, que algunos noticieros ignoraron el asunto de Samper (un elefante que ya no está en Casa de Nariño y se convirtió en un pulpo que ha permeado hasta las esferas diplomáticas), que algunos otros noticieros no publicaron el desastre que implicó la apertura económica, todo eso lamentable, claro, pero cada nota tenía un sentido de la profundidad y del compromiso con la información.

Muchos pueden decir que la lógica de los noticieros antiguos de tener filiaciones políticas llevaba al sesgo de la información, pero no hay sesgo más grande que rendirse ante el raiting, donde lo que vende es lo que sale y las noticias, de minuto treinta, se hacen cada momento más vagas y menos informativas.

Hemos llegado a un punto en donde perdimos el norte de lo informativo y vamos en el camino de lo sensacionalista, camino de la debacle, de la pérdida. Hoy me di cuenta que mi destino no debe estar en los medios colombianos y lucharé por ello, porque (y espero que la vida no me castigue) sería un infierno cubrir para un medio teniendo un apuntador en el oído que me diga “coja al tipo del cajón”.
¿Así no Maduro?, Así no Caracol.


martes, 7 de abril de 2015

Respuesta a Fernando Vallejo

El pasado 06 de abril en la Cumbre Mundial de Arte y Culturapara la Paz, el escritor Fernando Vallejo esgrimió un duro discurso sobre la clase política y el proceso de paz que se adelanta hace ya dos años largos en La Habana, Cuba; no soy nadie para entrar a discutir con un escritor de tan prolífica creación pero hay cosas en lo que dijo que no dejaron de incomodarme.

Primero: sí, es cierto que la justicia, la política y todas las instituciones en Colombia no sirven para nada, como dicen los campesinos, exaltados en la diatriba “sirven para lo que sirven las tetas de los hombres”, pero llevar ese pensamiento a la exacerbación es caer en el absurdo. El país está mal, pero no nos podemos quedar en criticar sus defectos y proponer como única solución viable la Bomba Atómica, como ya lo ha dicho Vallejo en varias de sus obras; En este discurso específico, asegura que se debería retomar la ley del Talión (ojo por ojo, diente por diente) pero hay inconsistencias, por ejemplo, si bien Iván Márquez, que sigue vivo y negociando en la mesa, tiene más de 200 órdenes de captura por distintos delitos como rebelión, homicidio en persona protegida, narcotráfico y secuestro, ¿cuál sería el castigo para un hombre como él?, ¿darle cocaína hasta que muera de una sobredosis?, ¿matarlo 199 veces?, ¿metérle un fusil por el ano?

Segundo: claro yo tampoco estoy de acuerdo con la llamada Justicia Transicional, porque qué más quisiéramos todos que los guerrilleros estuvieran encerrados durante toda la vida en una celda de dos por dos, como en esos cuentos que nos echan de las cárceles gringas en los años 80, pero ¿acaso no es esa espiral de odio la que nos ha metido en el conflicto en el que estamos?, primero unos se echaban la culpa a los otros de querer asesinar a Bolívar, después otros se echaban la culpa de quererse comer el país con el centralismo; luego otros se increpaban por distintos crímenes atribuidos de lado y lado a los partidos Liberal y Conservador; más adelante unos disque se levantaron porque había personas con mucha plata y otras sin nada y luego otros con la excusa de acabar a esos que se levantaron terminaron masacrando a humildes campesinos, que ahí si tiene razón el señor Vallejo son los que han terminado pagando los platos rotos siempre en este pueblo. Creo que ya no hay condena que repare, lo que deberíamos hacer entonces es simplemente olvidar y tratar que las heridas sanen para que más adelante podamos recordar el conflicto como algo que pasó y que no queremos repetir.

Tercero, no pienso entrar a discutir con un Honoris Causa de Filosofía, hermosa carrera que tuve la oportunidad de estudiar, pero la premisa principal de Vallejo, es que él solo escribe desde el ‘yo’, la primera persona, la de la individualidad. Sin embargo, ¿no ha sido el ‘Yo’ el que nos ha metido en tantos problemas?, mire usted, el ‘yo’ es la mata de la corrupción, es la mata del conflicto, es la mata de la política sucia y es la mata de la venganza. El ‘yo’, en últimas, es lo que nos ha metido en este problema de Uribes, Santos, Rojas Pinillas, Gustavos Petros y Timochenkos.

Cuarto y último, que buen sentido del humor, pese a todo y a lo que digan de usted, para mi es una de las mentes prodigiosas de ese español viejo y en decadencia que quedó atrás con la avalancha digital, que aún tiene líneas pomposas que demuestran la inteligencia que fue capaz de dejar como legado como el Logoi, entre todo y todo usted no es otra cosa que un buen humorista, un personaje que sacrificó su imagen ante los demás para decirle al mundo que es una mierda, en parte entiendo por qué no da ninguna solución a los males que aquejan a su Colombia del alma. Entenderlo no es fácil, entender lo que dice tampoco y desligarse de ese patriotismo tan colombiano como el Sagrado Corazón de Jesús no es sencillo. Pero como decía Sócrates todas las sociedades necesitan un Tábano que las haga mover y reflexionar sobre  sí mismas, el problema será, ¿qué hacemos después de saber tanto?

PD: Si esas “jornadas por la paz son una farsa”, estos textos que después de la destrucción humana se borrarán, también.