El pasado 06 de abril en la Cumbre Mundial de Arte y Culturapara la Paz, el escritor Fernando Vallejo esgrimió un duro discurso sobre la
clase política y el proceso de paz que se adelanta hace ya dos años largos en
La Habana, Cuba; no soy nadie para entrar a discutir con un escritor de tan prolífica
creación pero hay cosas en lo que dijo que no dejaron de incomodarme.
Primero: sí, es cierto que la justicia, la política y todas
las instituciones en Colombia no sirven para nada, como dicen los campesinos,
exaltados en la diatriba “sirven para lo que sirven las tetas de los hombres”,
pero llevar ese pensamiento a la exacerbación es caer en el absurdo. El país
está mal, pero no nos podemos quedar en criticar sus defectos y proponer como única
solución viable la Bomba Atómica, como ya lo ha dicho Vallejo en varias de sus
obras; En este discurso específico, asegura que se debería retomar la ley del Talión
(ojo por ojo, diente por diente) pero hay inconsistencias, por ejemplo, si bien
Iván Márquez, que sigue vivo y negociando en la mesa, tiene más de 200 órdenes
de captura por distintos delitos como rebelión, homicidio en persona protegida,
narcotráfico y secuestro, ¿cuál sería el castigo para un hombre como él?, ¿darle cocaína hasta que muera de una sobredosis?, ¿matarlo 199 veces?, ¿metérle un fusil por el ano?
Segundo: claro yo tampoco estoy de acuerdo con la llamada Justicia Transicional, porque qué más quisiéramos todos que los guerrilleros estuvieran
encerrados durante toda la vida en una celda de dos por dos, como en esos
cuentos que nos echan de las cárceles gringas en los años 80, pero ¿acaso no es
esa espiral de odio la que nos ha metido en el conflicto en el que estamos?,
primero unos se echaban la culpa a los otros de querer asesinar a Bolívar,
después otros se echaban la culpa de quererse comer el país con el centralismo;
luego otros se increpaban por distintos crímenes atribuidos de lado y lado a
los partidos Liberal y Conservador; más adelante unos disque se levantaron
porque había personas con mucha plata y otras sin nada y luego otros con la
excusa de acabar a esos que se levantaron terminaron masacrando a humildes
campesinos, que ahí si tiene razón el señor Vallejo son los que han terminado
pagando los platos rotos siempre en este pueblo. Creo que ya no hay condena que
repare, lo que deberíamos hacer entonces es simplemente olvidar y tratar que
las heridas sanen para que más adelante podamos recordar el conflicto como algo
que pasó y que no queremos repetir.
Tercero, no pienso entrar a discutir con un Honoris Causa de
Filosofía, hermosa carrera que tuve la oportunidad de estudiar, pero la premisa
principal de Vallejo, es que él solo escribe desde el ‘yo’, la primera persona,
la de la individualidad. Sin embargo, ¿no ha sido el ‘Yo’ el que nos ha metido
en tantos problemas?, mire usted, el ‘yo’ es la mata de la corrupción, es la
mata del conflicto, es la mata de la política sucia y es la mata de la
venganza. El ‘yo’, en últimas, es lo que nos ha metido en este problema de Uribes,
Santos, Rojas Pinillas, Gustavos Petros y Timochenkos.
Cuarto y último, que buen sentido del humor, pese a todo y a
lo que digan de usted, para mi es una de las mentes prodigiosas de ese español
viejo y en decadencia que quedó atrás con la avalancha digital, que aún tiene
líneas pomposas que demuestran la inteligencia que fue capaz de dejar como
legado como el Logoi, entre todo y todo usted no es otra cosa que un buen
humorista, un personaje que sacrificó su imagen ante los demás para decirle al
mundo que es una mierda, en parte entiendo por qué no da ninguna solución a los
males que aquejan a su Colombia del alma. Entenderlo no es fácil, entender lo
que dice tampoco y desligarse de ese patriotismo tan colombiano como el Sagrado
Corazón de Jesús no es sencillo. Pero como decía Sócrates todas las sociedades
necesitan un Tábano que las haga mover y reflexionar sobre sí mismas, el problema será, ¿qué hacemos
después de saber tanto?
PD: Si esas “jornadas por la paz son una farsa”, estos
textos que después de la destrucción humana se borrarán, también.
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